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No podía haber una mejor manera de estrenar este blog que compartiendo con vosotros algunas de mis recientes experiencias en una de las ciudades castellano-manchegas más encantadoras...
Hace ya tantos años que visité Cuenca por primera vez que ahora hasta me parecen siglos. El recuerdo era borroso, nublado y no me transmitía muy buenas vibraciones. Allá por la adolescencia es difícil que alguien se sienta fascinado por un paraje natural, por muy singular que sea. Sin embargo, no os dejéis engañar, porque no siempre es tan estrictamente cierto aquel dicho popular que rezaba que las segundas partes nunca fueron buenas. Esta entrada no es solo un mero homenaje a una joya urbana de caprichos naturales y sorprendente arquitectura medieval, también es un intento de estímulo para animaros a coger el coche (tren, bus, avión...) y recorrer España una vez más. Las primeras impresiones no suelen corresponderse con la realidad, así que, como con las personas, a veces hay que insistir con las ciudades españolas. Insistir, volver, dejar a un lado los prejuicios, las ideas preconcebidas y el eco de la memoria para empezar de cero.
Así pues, con mi mapa de criterios en blanco, disfruté de una segunda oportunidad para perderme por las calles y barrios de esta agradable localidad.
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Cuenca desde las alturas... Texturas, colores y arquitectura para todos los gustos.
Realizamos un recorrido exprés a través del casco histórico, pero debo reconocer que no nos perdimos nada gracias a nuestra estupenda guía. Cuenca no es muy grande; un fin de semana es suficiente para poder patearte los lugares más emblemáticos de cabo a rabo, pero aún así recomiendo prestar atención y poner los cinco sentidos en cada uno de los rincones que os encontréis, porque esta ciudad está plagada de detalles artísticos y bucólicos.
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Un rinconcito romántico en el casco, de los que a mí me gustan.
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"Poner mirando a Cuenca": descripción gráfica. Estos son los famosos Ojos de Cuenca que dieron lugar a la expresión. Una curiosidad natural que los conquenses decidieron aprovechar. Les dieron color y extendieron de una curiosa forma su popularidad...
De hecho, por mucho que te fijes en cada baldosa, piedra y árbol que te cruces en el camino, podrías perderte algunas peculiaridades muy interesantes. Por ejemplo, admito que estuvimos bucando durante diez minutos los puñeteros Ojitos de Cuenca. El sol veraniego y la poblada vegetación de la zona pueden convertirse en tus grandes enemigos como turista si te atreves con La Mancha estival. De paso, os pido disculpas por la sobreexposición de algunas fotos... Las prisas, la vejez de la cámara, el cielo demasiado despejado y el calor hicieron que desaprovechara algunas instantáneas que podrían haber quedado mucho más perfectas técnicamente. Además, no os voy a mentir, ando un poco oxidada en el manejo de la réflex, je.
Otra particularidad de Cuenca se la debemos a los estudiantes de Bellas Artes de la UCM. ¡Pequeñas obras y tributos de arte por doquier...!
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| Me reí poco con el Dominguete... |
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| Detalle del primer mural. Una breve cita que me hizo reflexionar. |
Aunque estas fotos fueron tomadas con la cámara del móvil, creo que todavía son capaces de reflejar un poquito más de la sangre artística que corre por las venas de Cuenca. Es toda creatividad e imaginación. Un lugar en el que puedes dejarte llevar, como si fueras arrastrado por la suave y fresca corriente del Júcar, para descubrir con asombro cómo una galería de maravillas se va presentando a tu alrededor.
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| Estos árboles eran flipantes... Una talla hiperrealista les hacía derrochar vida y magia de las raíces a las ramas. Lo mejor de todo es que son una auténtica sorpresa para el viajero. Vas andando por la ribera del Júcar y de repente... |
Dejando a un lado los detalles que hacen tan especial esta ciudad, no podemos olvidarnos de la bandera de Cuenca, su monumento por excelencia: la arquitectura (tanto natural como artificial).
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| Aún me sigo preguntando el gran reto que debió suponer asentar una ciudad en un terreno tan rocoso y desigual... Pero entiendo que su localización y altura debían valer oro en la Edad Media. |
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Las archiconocidas casas colgan... Colgadas. Aunque en el resto de España y el mundo las llamamos Casas Colgantes, su nombre genuino son Casas Colgadas. Ni se os ocurra llamarlas de otra manera mientras tengáis un pie puesto en Cuenca, porque para los residentes y vecinos de la ciudad manchega es casi un crimen. En serio os lo digo, a nosotros casi nos llamaron la atención y todo, por bacines.
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La no tan popular catedral gótica de Cuenca. Su construcción se comenzó en el siglo XI. Una anécdota curiosa es que, como su levantamiento coincidió con el descubrimiento de América, la iconografía arquitectónica presenta figuras de animales y plantas originarias del Nuevo Mundo.
Saqué tantas fotos al barrio de los Tiradores que me ha costado Dios y ayuda elegir cuáles de ellas colgar. Desde la zona baja del casco histórico hay unas vistas espectaculares de esta parte de la ciudad que, como se puede apreciar en las fotos, cuenta con una iluminación especial y bohemia. Cuando cae la noche, parece que el mismísimo cielo estrellado pudiera ver su reflejo en el pedregoso suelo de Cuenca. Es una pasada.
Tristemente no pude fotografiar la zona del río. No me atrevía a aproximar tanto la cámara a una desgracia inminente, teniendo en cuenta mi torpeza. La orilla del Júcar es otro de los lugares que no te puedes perder. Un largo paseo recorriendo el cauce de sus aguas siempre es de agradecer, porque la flora y el paisaje que lo rodea es digno de contemplar. He aquí un pequeño vistacito.


A estas alturas creo que ha quedado bastante claro que me enamoré de la belleza innata de esta localidad manchega. Soy de impresión fácil, lo reconozco, pero para que algo me cale hondo tiene que ser diferente, atípico, pero natural y con mucho fondo. Cuenca rebosa cultura e historia por los límites de sus calles, pero lo cierto es que también posee un gran corazón. La zona más moderna también desprende un encanto fascinante y a las pruebas me remito. La vida contemplativa siempre es mejor con una cerveza en la mano, así que es mi deber compartir la existencia de este par de baretos conquenses tan atractivos. Os presento a "Bogart" y a "La edad de oro", dos pubs rollito vintage con una ambientación inmejorable.


Espero que os haya molado el reportaje fotográfico. Os invito a que visitéis Cuenca vosotros mismos y sobre todo ahora en verano, que sobran las ganas y el tiempo. El calor no nos supuso ningún impedimento porque empezamos la caminata sobre las siete de la tarde, pero siempre os podéis dar un buen chapuzón en el río, como hizo una servidora (el agua está buenísima, os lo recomiendo, es un lujo).
Por último, quiero dar las gracias a nuestra guía, a nuestra pendeja, a nuestra 'petit'. Yo personalmente disfruté como una enana de esta visita y todo fue gracias a ella, que nos enseñó la parte más encantada y oculta de Cuenca. Y quiero recalcar que, aunque ahora yo comparta todo este contenido turístico con vosotros, el mérito es solo suyo.
MOMENTO CURSI: TÚ SI QUE NOS ENCANTAS, PETI. Y vosotros también me encantáis, mis futuros y potenciales lectores (siempre hay que complacer a la audiencia).
¡Un abrazo a todos!
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